Somos amantes de los sentimientos. Somos propensos a buscar la razón. Eso nos hace humanos, ojos curiosos de esos que se quedan observando una pintura durante un par de minutos mientras almas vagan por el mismo salón. No le digo yo a usted que no haya pasado delante de un ostentoso cuadro y enjuiciado con mirada ignorante su interior. Nadie nace repleto de conocimiento y menos cuando se trata del pensamiento y sentimiento de un artista.

Caminar por un museo siempre es de agrado, encuentras la misma historia contada una y otra vez desde distintos ojos. Batallas y héroes, al mismo rey durante distintas etapas de su vida sin demasiado trasfondo más que el recuerdo eterno de una juventud más o menos acertada.

Suelo andar por los salones con pies de plomo y mente abierta. De pronto puedes encontrarte con una marea de estudiantes, apasionados y curiosos frente a un pequeño cuadro que de no ser por ellos, quizá habría pasado desapercibido. Un poco más cerca te das cuenta que se trata de un matrimonio pintado por un tal Van Eyck. Artista flamenco que inmortalizó a este curioso matrimonio Arnoldfini. Sin saber qué le hacía tan especial me paro a preguntar y descubro la magia de este pequeño lienzo; colores, composición, luz y un espejo que refleja perfectamente y a pleno detalle todo lo que tú y yo podemos observar desde su otro lado. Un espejo que apenas mediría un par de centímetros y perfectamente convexo. Fascinada observo durante minutos que parecen segundos cada detalle que acaba de aparecer ante mis ojos, ahora un poco más sabios.

Un cuadro es un misterio, un sentimiento o una prueba de ti mismo que ha quedado plasmado o escondido entre sus trazos.

Sigo caminando hasta que encuentro un lavabo. Un baño que me recuerda a los de una vieja facultad que necesita un par de bayetas; Lavabo y espejo. Y en cierta medida me recuerda al maravilloso cuadro que había visto minutos antes. Un espejo que refleja lo que ves, pero en este caso no veo nada. Es más grande, no cabe la menor duda y casi puedo asegurar que hay el mismo número de curiosos que había visto anteriormente. Mi primer pensamiento es de preocupación por la cantidad de tubos de óleo blanco que tendría que haber gastado nuestro artista, ahora mismo, desconocido para mí.

A primera vista me impresiona cómo el ojo y la mano es capaz de crear tal perfección sin ser una máquina fotográfica. Muestra una realidad impoluta, una realidad básica y simple. Mi mente comienza a reflexionar rápidamente mientras más personas me empujan porque quieren observar a este artista. Realidad simplista, en este cuadro de casi un metro de dimensión no hay más que un baño con objetos cotidianos en tonos apastelados.

La misma persona que antes me habló del significado oculto en el cuadro de Van Eyck y la elección de los colores como el verde y rojo ahora me hablaría de este baño. Hiperrealismo. Tenía ante mí al maestro del realismo español y yo poniendo en duda, cual ignorante su significado; Antonio López.

Realismo, repite una nueva vez mi guía. Pero mi cabeza sigue preguntándose qué quiso decir este autor con el cuadro. No obtengo respuesta. Quizá los colores elegidos tengan un significado oculto, quizá el espejo, las formas. Realismo, no hay más. La magia de este cuadro está en cómo su autor llega a la perfección con su ojo y mano. Cómo es capaz de reproducir la realidad exacta con varios pinceles y unos cuantos tubos de pintura al óleo.

Intento aprender sobre la finalidad de esta obra, qué quería mostrar el artista. Obtengo mi respuesta esperada; la realidad.

En mi mente confluyen mil ideas contradictorias. Unas alaban a Antonio López por tal maestría. Otras critican ferozmente la falta de finalidad y sentimiento. Pero de pronto, por detrás lo escucho de una pareja de curiosos ‘Es que es Antonio López’. Ahora todo tenía sentido, hemos obviado el arte del cuadro por ser  el artista el objeto a vender y relucir.

Sin composición, sin una investigación por crear algo de interés, simplemente la realidad que quizá, para otra persona no sea la misma y es que era él, el maestro. Acostumbrados a encontrar la razón, a querer despertar en nosotros cualquier sentimiento, hoy me siento decepcionada.

Qué es arte, sino más que la expresión de un sentimiento mediante un canal. Llámalo pintura, música, escultura o fotografía. Hoy me vuelvo a casa pensando en si algún día venderé por ser quien soy y no porque mi trabajo lo merezca.

Dos espejos, dos realidades completamente distintas donde a día de hoy, gana el que se supo vender en el momento exacto.